No he de perder la Fe

Son los últimos días de este 2018, que más que sorpresas, nos deja momentos amargos, momento alegres, momentos memorables, momentos para olvidar y momentos de esperanza. Como nación, para nuestra sociedad y en lo personal, uno de esos momentos que marcó y me marcó, fue el uno de julio, no porque ganara el prócer de la rectitud, la bondad y santidad, o porque, como bien lo dijera el amo de la concordia y la pacificación, Paquito Ignacio Taibo, porque nos la dejaron ir doblada, sino porque la gente expresó su enojo, molestia u descrédito saliendo a votar.

En definitiva ese uno de julio creí que este país empezaría a cambiar, que se sembraba la semilla del cambio, que aún como sociedad teníamos la esperanza, que podíamos emerger de las tinieblas en donde hemos permanecidos ocultos, un poco por la opresión de las clases dominantes, un poco porque es más cómodo estar ahí. No fue así, sólo fue un chispazo, una llamarada que con intensidad consume el oxígeno de su entorno, sólo para un segundo después apagarse.

Sí, ese 1 de julio pude experimentar esperanza, pero casi de inmediato comprobé, tristemente que sólo fue un instante y que la sociedad (el tigre dice el Peje) volvió a esconderse detrás de lo que sea que se esconde esta sociedad.

Tras los meses que precedieron a julio, con cada día que nos aproximaba al 1 de diciembre, con cada declaración de los integrantes del nuevo gobierno, ahora ya en funciones, y ante el silencio y complicidad de la sociedad, pese a las aberraciones que se estaban gestando, poco a poco fui viendo como amigos, compañeros de ideales, pilares del pensamiento independiente, fueron abandonado, se fueron apagando, se dieron por vencidos.

Hay días en que también quiero renunciar, ¿cómo no hacerlo?, sobre todo luego de ver, leer, escuchar y atestiguar las acciones que la clase gobernante viene haciendo y que la sociedad muda, indiferente y hasta cómplice acepta. ¿Bajar el salario del personal de limpieza de la Cámara de Diputados, cuando son subcontratados a empresas que pagan miserias? ¿Aprobar leyes sin importar que antes de hacerlo debieron adecuarlas para que no las suspenda la corte por los errores que contienen? ¿Intentar pasar leyes mal redactadas y mal planteadas? ¿Hacerse los puros sin importarles que cuando eran gobierno no les importaba la gente?

La gente se niega a ver la realidad, se niega a darse cuenta que todo es pan con lo mismo y aún defienden lo indefendible. A veces a mí también me dan ganas de rendirme, me dan ganas de cerrar los ojos, taparme los oídos y cerrar la boca, pues todo pareciera indicar que la gente de este país ha decidido seguir como lo ha hecho desde 1821, indiferente, sometida, agachada, ignorante y crédula.

Sin embargo, aun no pierdo la fe, aún no pienso rendirme, así que desde mi tribuna, por pequeña e insignificante que sea, seguiré señalando lo que creo que haya que señalar, seguiré escribiendo lo que deba escribir, seguiré creyendo que aún tenemos esperanza como nación. Me niego a ser comparsa del o los gobiernos, de los funcionarios que se presentan como inmaculados, de los falsos promotores de la sociedad. Me niego a rendirme, me niego a perder la fe en mi país, en mi gente, en nuestra grandeza. Algún día quizá lo haga, pero no será en este 2019. Amenazo con seguir, desde este espacio, o cualquier otro al que pueda acceder. ¿Alguien más se suma?

 

Rodrigo O. Pérez Moo

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